Alimentación escolar, pequeña agricultura y un modelo para la reconstrucción social


Los retos que se enfrentan en la implemetación de un programa de alimentación escolar son del mismo tamaño y complejidad de los retos históricos de un país. Hace 10 años la implementación del Programa de Alimentación Escolar Qali Warma tuvo que quebrar mitos y modelos obsoletos. Lanzaron una de las propuestas mas revolucionarias hasta entonces en un modelo de alimentación escolar en nuestro país: situar a los niños y niñas en el centro de la prioridad. La experiencia internacional nos dice que los programas de alimentación se transforman y se adaptan, maduran con el tiempo y se sostienen en diseños sólidos y realistas. El programa Qali Warma desde su diseño e implementación, a la distancia del tiempo y con la evidencia de la realidad debe de celebrar y todos los peruanos felicitar, que no se le cayeran en el camino las ideas matrices: alimentación escolar como derecho universal, el niño y la niña en el eje central, diversificación desde la aceptabilidad, vinculo con el patrimonio alimentario regional, modelos diferenciados y cogestión de padres, docentes y autoridades locales.

 

Los modelos sólidos son paradógicamente los mas fléxibles, con capacidad de corregir errores, cambiar rápidamente y adaptarse a las necesidades locales. En esta lógica Escuelas Sostenibles como pilotos innovadores en Junín reafirman y resumen muy bien el espiritu del programa. Antes de la pandemia una coalición entre el programa con la FAO, la Universidad privada de los Andes, los municipios de Huancayo, Tambos y Pucará y los padres y docentes de 109 colegios, lograron una plataforma logística admirable que abastecia de desayunos y almuerzos a 7900 niños y niñas, articulando por medio de una compra pública a 114 productores agroecológicos que desde en una planta de procesamiento certificada, abastecian de hortalizas.

 

Durante la pandemia y el cierre de los colegios esa coaliación se movió con la naturalidad de la confianza ganada previamente. Los comités de alimentación escolar lograron que los colegios sean los nuevos centros de abastecimiento de los productos para todas las familias. La virtualidad le permitió al programa mayor despliegue y llegaron a 170 mil niños y niñas de mas de 3600 colegios en todo Junín. Este vinculo ahora mas directo con las familias visibilizó que dentro de los padres participantes mas de 2100 eran pequeños productores de hortalizas y frutas, que llevaban la totalidad de su producción al mercado y producto de la venta compraban para casa fideos y arroz entre otros alimentos. Durante la pandemia han logrado reorientar parte de esa producción para el consumo en casa con recetas locales aprendidas por el programa. Los comité de alimentación escolar se hicieron mas fuertes, no sólo cumplen los roles asignados inicialmente sino que su llegada a los hogares les posibilitó facilitar campañas que van desde desparasitación, sexualidad para los adolescentes, distribución del sulfato de hierro en la lucha contra la anemia y educación en biosegudad frente al Covid. El diseño sólido y flexible del programa, un modelo ejemplar tambino de articulación territorial, y el contexto complejo actual evidencian el enorme potencial que tiene la cocina como dinamizador social en procesos de desarrollo. Es un buen momento de pensar con detenimiento en el próximo movimiento. En el decisivo rol de la sociedad civil, en los puntos de encuentro público- privados desde actividades integradoras. Puntos de apoyo como el modelo de escuelas tambinas que proponen desde la realidad una nueva educación cívica desde la educación alimentaria.

 

 

Andrés Ugaz

www.cocinapar.org

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Fecha de Publicación: 13 de febrero de 2021
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